lunes, 22 de septiembre de 2008

Mordisco I

Los Lobos Feroces usualmente se comen a las Caperucitas. Pero esta vez no fue así. Había una vez un lobo feroz que se comió a una Mandarina.

domingo, 7 de septiembre de 2008

Otro


La mujer que veo en el espejo está sintiendo que debe pedir permiso para atacar. Porque un cable la detiene. El cable parece estar ahogando sus ganas. Pero con un poco más de fuerza podria destrozar esas ropas y esa barrera siniestra que los aleja. Usar dientes, usar uñas. Romper con un beso lo que es ajeno y convertirlo en mutuo. Compartir el pan que guardan mis manos y ponerlo sobre tu mesa para que lo devores. Comer nuestros pensamientos. Los dulces y los agrios. Y sonreir después.

El cable resiste la marea de mi impulso. Pero las cosas ceden. La mujer que está parada frente a ti quiere que hagas algo. Un favor. Toma el cable entre tus dedos marciales y rompelo. Mastica las ganas que sé que también tienes. Debes depositar el brillo que hay en tus ojos en mi banco de ilusiones. Mi cuenta está vacía. Mucho Dolor Cervical y Tanta Furia se robaron todos mis fondos. Sabes qué... no me importaba estar vacía. A veces quería que algo llegara. Aunque lo quería sin desesperación. Sin embargo, ahora sí me desespero. Quiero estudiarte, medirte, recorrerte. Quiero que me estudies, me midas y me recorras con tus instrumentos. Quiero volverme gato, pajaro, madre o mujer diminuta, lo que soy. Te lo digo desde ya, los trucos están permitidos.

martes, 17 de junio de 2008

calmantes I


Desde que tiene la bicicleta de fierros celestes, ella se siente mejor. Es así porque cuando la monta y se lanza por las calles, la mira mucha más gente. Y se atrevió a soltarse el pelo, cosa antes impensada para una chascona endógena.
El temor al ridículo desapareció desde que tiene la bicicleta con los fierros celestes. Escuchando su favorita: Handsome Devil de The Smiths va por la vía. La misma vía que antes no tenía ningún glamour, ahora está lleno de eso. Todo gracias a la bicicleta.
Viaja a 40 kilómetros por hora y no la detienen los semáforos. Se ha vuelto loca con su nueva bicicleta de fierros celestes. Lanza gritos al viento helado. Está definitivamente más resuelto su destino. Y este es simplemente andar en una bicicleta, que aunque suene repetido, es de fierros celestes y eso no se puede cambiar. Las rutas sí. Las caras sí. Incluso ella misma no será la misma. Todos los días será una mujer diferente en su mismo cuerpo la que monte la bicicleta de fierros celestes.
Podría morir manejando por una calle llena de sol y hojas, llena de dioxido de carbono y polvo humano. Pero no importa. Los semáforos están congraciados con ella. Y pasa uno, pasa dos. Da igual carajo, que no la joda su madre ni el padre. Nadie. El viento la castigará por ser tan libre.
Ahora sólo le queda una cosa: adquirir una cámara... la cámara que vio mientras viajaba en su bicicleta de fierros celestes y pasó frente a la vitrina del 1235...

miércoles, 4 de junio de 2008

falla de fábrica




La triste historia de una perra que fue violada por su amo la escribí a los nueve años. No me quedaban más actividades que realizar para las cenas de nuestra familia y quise componer un relato que me hiciera llorar a mi. La cosa es que no me atreví a contarla en el cumpleaños de la abuela. Porque soy cobarde endógena. Porque era la mejor hija. Porque todos querían que así siguiera siendo. Y yo les cumplí el deseo. Por dentro el mundo es de otro color. Y eso lo saben mis más estimadísimos reales de la vida. Nada de cuentos. Aunque el título The Real se lo lleva la GolonCata (que anda más voladora que nunca, es que la primavera se le escapa y la lluvia la atormenta). Sobre el cuento, a los 9 me quedé callada. Mi familia siempre pensó que yo era una callada. Una de esas que se callan por pavas. Y esa posición sin duda que me brindó mayor movilidad y comodidad. Así crecí yo. Mirando todo, hasta lo que no debía, leyendo mucho, escribiendo más y el resto lo imaginaba. Mientras que en mi familia algunos seguían desterrados por haber hablado o haber actuado. Conozco a la gente desterrada por la matriarca. Ellos también saben quienes son. Pero ahora no sé a qué le pueden temer. A unas palabras? A una persona? Y a quienes critican? A mi no me da vergüenza decir que empecé a saborear la victoria de los actos a los 14 y nadie me pudo parar... por qué... porque nadie sabía lo que yo estaba haciendo. Y no dejé rastros. No tengo nada que lamentar.

Y el cuento de la perra... por ahí, en algún cuaderno debió quedar.

jueves, 29 de mayo de 2008

Diseccionada


La brisa que nos toca la cara en este antro es salvadora. Salvadora de nuestro pellejo acalorado y asfixiado por los humos de las bocas fumadoras. Yo sé que tú fumas, pero lo haces hacia el lado. Además, fumar es uno de los actos que te queda bien. Puedo ver que no has olvidado cómo hacerlo, cerrando un poco tus ojos y arrugando la frente. Apartas el cigarro de una forma violenta que no me espanta.
Esta noche no he hecho más que moverme al ritmo de la vieja ola. Me permito movimientos más cadavéricos que otras noches negras porque hoy fue un día especial. Fue un día donde descubrí que sentir amor se paga caro. Pero el precio no importa, muchos estamos dispuestos a pagar lo que sea, aunque esto signifique la vida misma. O algo peor, estar distanciados.
No importa, yo y mi coreografía de la muerte no queremos saber de esas reflexiones en esta noche. Queremos rockanrolear a todo lo que dan las venas. Así que te regalo una vez más mis brazos y mis piernas forradas de luto alegre. Como todas las noches negras, te regalo lo que soy, lo que tengo, lo que puedo hacer sobre esta pista. Y saco por mi boca las mariposas que guardo en el estómago, que cantan para ti las letras de esas canciones.
Siempre es igual y no me aburre. Yo te miro y espero a que me mires. Sonreimos y miramos a otra parte. No sé por qué lo hago si lo que más me gusta mirar es tu esqueleto protegido por músculos que me sé de memoria, como el mapa de nuestras vidas.
Esta noche en la pista no hay nadie que me inyecte ira y no lo habrá más. La he dejado en la casa, amarrada a la guarida del perro, porque es ahí donde no molestará a nadie. Y tú también debes dejar a tu ira encerrada y condenarla al exilio por cada uno de los días.
Cuando termine el baile me voy a ir a mi casa y tú a la tuya. Vamos a caminar como sólo nosotros sabemos, vamos a vivir las calles que nadie quiere vivir, vamos a usar la locomoción colectiva y nos va a seguir el peligro. Esa es la forma que hemos cultivado y la repetiremos hoy.
Más tarde mi organismo diminuto va a descansar, va a dormir. Pero sé que mi mente va a estar contigo, porque eso al menos nadie puede negarmelo. Y tienes que saberlo. Mi mente no está ni ahí con nadie más.

jueves, 15 de mayo de 2008

t.r.e.s.


La casa está vacía. El closet está lleno. Y en la ciudad, que no veo hace días por mi maldito encierro, debe andar el Valioso. A ese le gusta andar con flores en la mano, por si acaso encuentra a quien dárselas. Sobre todo en un día como hoy. Un día marcado con saliva y dientes en el calendario. Y todo porque el amor no tiene frenos. No hay frenos para ningún tipo de amor. Sólo la muerte. Y de eso también dudo. Pero el Valioso no duda. Sólo sabe caminar con flores azules y saludar a los perros negros y blancos. Y se compra un boleto de micro para recorrer la ciudad y con su radar buscarla. A la destinataria. A la que hará de florero. A la que comprará su estrategia azul.

Hoy son tres, pero han pasado corriendo la maratón, casi sin verlos. Los tres se me fugan de la mano y me bailan en la cabeza como palitos. Tres palitos cojos que se burlan de la mala suerte y las probabilidades, que se clavan en los prejuicios y los vaticinios del vaticano.

Tiempo para redecorar también. Redecorar las tuberías y la casa vacía. Y el closet con vestidos que no me voy a poner. Los dejo ahí porque soy avara. Avara de años, cuchicherías, papiruchos, pasteloñis, arrumakios y vestiditos. Con eso YO soy feliz.