martes, 14 de abril de 2009
lunes, 2 de febrero de 2009
canus lupus
En un rincón de la ciudad capitalina siempre está temblando. Un ritmo furioso de corazón acaballado determina los pasos de una pequeña persona roja. Ella busca detrás de cada esquina a su Canis Lupus. Un perdido sin jauría. Sabe que con su aullido calmado, sus lamidos y sus pocas pulgas la vida es más auténtica, más verdadera. La tierra tiembla bajos sus zapatos de verano y por un momento pierde el sentido. La cesantía, el calor, la sed y las voces del pasado quedan muy lejos. Las manos buscan en que afirmar al resto del cuerpo. Los dedos sienten un pelaje distinto, tejido a su medida. Lo ha encontrado. Esta vez estaba tres cuadras más abajo.
lunes, 26 de enero de 2009
Encontrar
Busqué en el metro de la capital sucia. Busqué en los parques y las plazas menores. Me senté con libros, sinceramente los leí por si aparecías. Busqué en bibliotecas, en los pasillos y patios de la universidad. Busqué en bares negros y pistas de baile. Busqué en los tragos dulces, en los amargos también. Busqué en tugurios clausurados. Busqué en el precipicio. Busqué en amigos. Busqué en desconocidos, forasteros, asaltantes y paseantes. Busqué en cantantes, poetas, escribientes. Con fiebre y aburrida también te busqué. Pero mira tú la vida, el destino, como quieras decirle... justo cuando dejé de buscar, te encontré. El más improbable, el más escondido, el más callado, sencillo y tenebroso. Dos vidrios, una nariz y barba tigereteada. Rojo, azul y negro. Figura del rincón de la habitación. Poca risa, mucho pensar. Yo una rehabilitada, desencajada la vista, reconstruida. Una descarada que recogía sus pedazos cada lunes. Una aspirante a ser digna. Un atado de moños y cables de cobre. Una carcajada lanzada en el viento. De todas maneras armada hasta los dientes, dispuesta a no dejar que te fugues así como así.
viernes, 16 de enero de 2009
RecordarmE
Recordarme En Este Sitio dice abajito de donde uno anota su contraseña. Mi contraseña invertebrada rasguña el blank para dejarme entrar en mi sesión. Mi sesión de SpA tendrá que esperar, pues ahoritita mismo me dispongo a comenzar mi sesión contigo. Contigo es con quien quiero lamer heridas, descongestionar narices y reir de nuestros chistes. Chistes son los que me cuentas hasta las 4 y cuarto de la madrugada, entre calambres y calambres sexuales. Sexuales somos tú y yo, dos perros guachos que tras cada esquina recogen un poco de polvo, improvisan un nido y se limpian el uno al otro con sus lenguas ásperas. Ásperas son mis penas de ayer y hoy, ásperas no dudemos que seguirán siendo, pero mientras te tenga a tí y a Mi Sangre, mi vida siempre, siempre será honey on cereals.
miércoles, 31 de diciembre de 2008
Calle
Saltó sobre el barro. Rompió la capa superficial y la masa blanda-café fue penetrada por las diadoras blancas. Ella no sabía que jugar con tierra mojada ya no era para su edad. El pantalón corto proyectaba sus piernas. La polera dejaba que el cuello fuera abrazado por el sol. Las gotas de sudor sobre sus labios. Las axilas y el pecho pedían algo de libertad. El grifo continua lanzando el chorro furioso unos metros más allá y cinco cuerpitos flacos reciben el golpe mojado. Ella vive en esa población, junto a los otros. Sin miedo y sin mucha conciencia sale a jugar. Tiene algunos amigos que su padre no aprueba. Pero él no está hoy. Así que es una tarde feliz. Ella quiere recorrer la calle. Saborear el asfalto sucio y caliente. Sentir que la esquina no es un límite, es la puerta a todo lo posible. Y ahí, cerca del grifo la espera el niño de la cicatriz de guerra. La espera con un pantalón rajado en las rodillas y sin polera. Es muy flaco, tal vez más que los demás. Sus ojos negros hablan de una gran sabiduría. Tiene 11 años y sabe fumar. Por esa razón ella pretende seguirlo esta vez. Él tiene una sopresa preparada. Juntos entran a una casa. Refugiados del calor y de ojos adultos, comienzan a ver en la penumbra de una pieza. Él abre un cajón de madera. Ella se sienta en la cama. En la pieza del lado ronca la abuela en una silla. No hacen ruido. Él saca un objeto negro. Es un revolver. Lo manipula. Se apunta la cabeza y luego al gato gris. Se rien. Ella ríe, aunque está temblando. Le pide que la deje tocar el arma. Él se pone serio, la vuelve a meter en el cajón. 'Esto no es para niñas, sólo te traje para que la vieras', dijo él. Ella asume, lo mira con admiración.
sábado, 18 de octubre de 2008
Entre ULA y Baquedano
Caminó por varias veredas amables. Otras fueron más antipáticas. Pero su cartera siempre se balanceó patuda de un lado a otro y su cigarro no se apagó jamás. De pronto en una esquina le tocó la roja a los autos... iba a cruzar, pero el primero de la fila bajó el vidrio y salió la música... qué era... The Shins... Turn on me... parpadeó cuatro veces y entendió que no era de noche. Vio el sol sobre los edificios.... qué estupidez... había caminado desde estación ULA hasta Baquedano... harto, se dijo... una ruta maldita, lo suficiente para recordar momentos putrefactos. La salvó del lapsus la voz de James Mercer. Se cagó de la risa y cruzó al fin la calle.
miércoles, 1 de octubre de 2008
sueño despierta
Los dos extraños se miran con calma de agua en estanque. Se estudian con el entusiasmo de sus sencillos instrumentos. Quieren quedarse así. Por minutos o por horas. Sin decirle a nadie esperan que no los muevan de sus puestos. A veces hay risas alrededor. A veces todos se callan. Tienen la paciencia de los que están conformes con sus propios resultados. Y porque saben que existen quienes han sacado mal los calculos. Son dos extraños que ya dejaron de serlo. Y se miran con descaro porque presienten que hay mucho tiempo en sus vidas. Entonces, quieren descifrarse un rato. Decodificar lo que esconden debajo de la piel. Debajo del manto que cubre sus verdades enterradas. Nadie más participa. Los demás no logran entender que pueden hacer muchas cosas haciendo nada. Por ahí va el juego. El de los pensamientos momentáneos que los atacan como marea. Quien imagina más. Quien llega más lejos y no quiere volver. Olvidar cómo volver. Ya desataron los caudales en un solo torrente un par de noches. Pero este es el momento de la paz absoluta. Ojos como tumbas floreadas. Bocas como vasos llenos de licor caro delicioso. Manos amarradas por voluntad. Porque no es el instante de actuar. Es la hora de mirar. Hay que gozar los silencios. Es momento de hacerlo. Es momento de aguantar ganas de desatar cordones y botones. Se regalan el uno al otro, pero con la inteligencia telepatica. Se hablan en una lengua que no tiene vocales ni consonantes. Se apartan del mundo porque hay veces en que participar demasiado es odioso. Eligen soñar despiertos para no sentir el cansancio.Cuando pasa esto yo siento que ya no contengo un grito más en mi cabeza. Que mi alma negra de tanto humo de bar respira al fin. Siento que soy yo de nuevo, pero mejor. Que abandoné la tumba podrida en recuerdos tontos. Que abriste una jaula, que fue como soltar 100 pájaros a la libertad.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)